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Reconocimientos
Mi Apellido es Cartagena

Versión 2018

En el marco de la campaña de ciudad “Mi Apellido es Cartagena”, promovida por la Sociedad de Mejoras Públicas -SMPC con el ánimo de incentivar el sentido de pertenencia y el compromiso ciudadano de los habitantes de la Heroica, esta institución diseñó un concurso bajo el mismo nombre que buscaba visibilizar buenas prácticas ciudadanas que giraran en torno a sus tres líneas estratégicas: Cultura ciudadana, Sostenibilidad Ambiental y Patrimonio. 

En el 2018 fueron más de 50 iniciativas transformadoras las que se inscribieron a los “Reconocimientos Mi Apellido es Cartagena”, de las que finalmente resultaron galardonadas tres de ellas, en un emotivo evento celebrado en la sede centro de la SMPC. Estas tres personas fueron catalogadas como “héroes anónimos” por los jurados del concurso, puesto que cada uno de ellos desarrolla en sus barrios una labor que es digna de mostrar y que genera cambios verdaderamente positivos en sus comunidades. 

Es así como conocimos la historia de Luis Fernando Martínez del barrio Cerros de Albornoz, ganador de la categoría de Cultura Ciudadana con su iniciativa “La casa de los Sueños”; Isabel Romero Martínez de Martínez Martelo quien resultó galardonada en la categoría de Sostenibilidad Ambiental con su proyecto de renovación de espacios verdes en el sector y Duván Muñoz Chacón, del barrio Nelson Mandela, ganador de la categoría de Patrimonio Inmaterial con la iniciativa “Bailar para un mundo mejor”. 

Tres ciudadanos que sin importar su condición, la falta de apoyo para desempeñar su sueño, son ejemplos al entregan lo que tienen y hasta lo que no, a favor de sus comunidades y con la esperanza de con ello, aportar a una mejor Cartagena. 
Cada uno de ellos obtuvo un premio por valor de 2 millones de pesos, que se representaban en materiales o insumos que les ayudaran al mejoramiento de sus iniciativas. 

La Casa de los Sueños

Con su solo nombre, esta iniciativa liderada por Luis Fernando Martínez, ya nos pone a volar la imaginación. Este joven entusiasta, noble, soñador y con un gran corazón, es estudiante de Administración de Empresas en la UDC a distancia, tiene 19 años y desde hace 4 decidió luchar a favor de los niños, niñas y personas víctimas del conflicto armado -que según sus cuentas, son más del 96% de la población de su comunidad del barrio Cerros de Albornoz-, a través de la creación de una improvisada escuela frente a su casa, para reforzar conocimientos en matemáticas, ciencias, lenguaje, ética y valores. 

Es oriundo de El Almendro, corregimiento de Planeta Rica (Córdoba), lugar donde vivió hasta hace 8 años cuando a raíz de los conflictos entre grupos armados que dejaron como saldo la pérdida de dos familiares, se vio obligado junto con su familia a partir en búsqueda de mejores condiciones de vida. “Nos vinimos a Cartagena sin nada, literalmente solo con lo que teníamos puesto. Dejamos todo atrás”, recuerda con tristeza. 

Fue así como llegó a Cerros de Albornoz, una invasión al suroccidente de la ciudad, que tenía 3 meses de existencia en aquel entonces y que aún permanece en precarias condiciones, sin servicios públicos, sin calles pavimentadas, con el centro de salud más cercano a 75 minutos caminando (como mayormente se mueven por el sector a falta de calles óptimas para vehículos), pero irónicamente con la mejor vista de la ciudad por su altura. 

Logró ingresar a una institución educativa al siguiente año y desde ese momento notó que la gran mayoría de sus vecinos, no estudiaban, bajo la excusa de ser desplazados y algunos, por ser mayores. En ocasiones otros le pedían ayuda para hacer sus tareas y cuando lo hacía, le decían que les había ido bien en el colegio, lo cual lo hacía muy feliz. 

Y de esta forma su idea de montar “La Casa de los Sueños”, porque como él asegura “por más pobres que seamos, siempre tendremos algo para dar”. Y así fue. Él decidió dar de lo que le sobraba, ganas de aportar a una mejor ciudad y un mejor país. Arrancó con 7 niños a quienes enseñaba a leer, escribir, sumar, restar y principios de inglés como segunda lengua. “Aún conservo el primer registro de notas que hice a puño y letra”, añora.  

Hoy educa a 92 niños en jornada de mañana y tarde y sueña con que su comunidad pueda salir adelante. “Mi satisfacción es que un niño educado en el mañana no será un problema para la sociedad, no se convertirá en un atracador ni en un pandillero, sino en un hombre con valores que eche para adelante por su comunidad”, concluye. 

Renovación de espacios verdes 

Isabel Romero Mercado es una dirigente comunal que en 8 años de trabajo por las zonas verdes del barrio Martínez Martelo, ha logrado cambiar el entorno de este sector, dotándolo de espacios para el disfrute de todos. Una cancha sintética, la adopción de zonas verdes, canecas para disposición de residuos, un parque con distintos tipos de plantas florales y aromáticas, han sido algunos de sus logros.

Para Isabel, Martínez Martelo es uno de los mejores barrios que tiene la cuidad, puesto que es un sector privilegiado con la vegetación, y con el cuerpo de agua que la rodea: la Ciénaga de las Quintas. Sin embargo, su mantenimiento requiere del cuidado y el interés de toda la comunidad, lo cual ha sido para ella un compromiso y quizás su más grande meta. 

Es así como ha logrado convertir con su gestión ante el sector público y privado, zonas verdes en abandono, en parques que son zonas de recreación no solo de los habitantes de su barrio, sino de zonas aledañas como Paraguay, El Prado, Amberes, Bruselas, El Prado, La Esperan

“Hoy en nuestro parque celebramos fiestas infantiles, torneos deportivos, realizamos ferias artesanales para ventas de productos de las microempresas del sector, se dictan clases de zumba, aeróbicos, patinaje y todo aquello que se nos ocurra para mantener unida a nuestra comunidad y fortalecer este espacio para el aprovechamiento de todos”, explica. 

Pero para ello, debe liderar entre sus vecinos, el mantenimiento de la zona con rastrillos, escobas, bolsas, guantes y pesticidas en mano. “No es fácil educar a la comunidad para cuidar un espacio que con esfuerzo conseguimos. La concientización requiere un arduo trabajo y no nos cansamos de hacerlo para como recompensa mantener ese parque que tanto amamos y por el que tanto hemos luchado”, concluye.