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MI BELLA CARTAGENA

30 de May de 2019

Una noche de noviembre soñé que Gabriel García Márquez, me invitaba conocer a Cartagena. Como me gustaba perseguir mi sueño, dos semanas después llegué a la ciudad más turística y hermosa de Colombia.

A orillas del Mar Caribe, las olas de turistas se arremolinaban en la ciudad amurallada, sus casitas están llenas de colores como si Dios la hubiera sumergido en un arco iris de frutas frescas y de muchos colores, las buganvilias salen de los balcones y se mueven con el vaivén del aire como sacudiéndose del calor que les deja el sol intenso de la calurosa Cartagena.

De pronto se escucha el galopeo de los caballos blancos y cocheros negros, es como un marcapaso para viajar en el tiempo, en esa época del amor en los tiempos del cólera y de los tiempos peregrinos. Cuando el sol se esconde en el mar detrás de las murallas, los faroles y las sombras de las flores acompañan a los turistas devueltos a sus hoteles caminado con sus sombreros y bolsos tejidos, comiendo maracuyá y arepas con queso, deleitándose del vaivén de la brisa que mueven las palmeras y refrescan todo el ambiente y los disponen a escuchar champetas que se cuela entre los barrotes de los altos balcones del corazón del centro de Cartagena, donde se aglomera muchas gentes que no viven allí en el centro, sino en barrios cercanos más allá del reloj cruzando la avenida con sus aceras llenas de mototaxis y buses que avanzan como locos con sus esparring gritando ¡Ternera, Socorro, Bocagrande! allí se viaja al corazón de la ciudad donde viven los verdaderos cartageneros, los que despiertan antes del sol para preparan los patacones, arepas, chicharrones, vender agua fresca, llenando en sus carritos de frutas como las uvas, los mangos cortados con pimienta, sal y limón que luego comienzan a deambular ese largo camino donde van a vender. En Cartagena hermosa ciudad turística me contaron que las olas del mar son como esmeraldas derretidas adornadas con espumas cristalinas y las casas como dulces de colores donde las artesanías son las historias tejidas de las frutas y manjares que le brindan a los turistas. Todo era lindo pero olvidaron mencionar que lo más lindo en Cartagena es el corazón de las personas y que ellas me deslumbrarían más, mucho más que el parpadeo de las estrellas o el reflejo del sol sobre el agua cristalina y gracias a esas personas aprendí a querer a Cartagena como si fuese de este país, por eso Cartagena hoy primero de junio “te felicito en tu cumpleaños” y te regalo un montón de estrellas. Cuando escribo sobre la bella Cartagena, es como si escribiera en mi memoria y en mis recuerdos de infancia para ver que puedo encontrar, por eso digo ¡que viva Cartagena la Bella!
 

 GRISEL SOTO NIÑO
EDAD: 13 AÑOS.
GRADO: 8-2
INSTITUCIÓN EDUCATIVA ANTONIA SANTOS